Mujer con gato - Pierre-Auguste Renoir
Qué pequeñito eras la primera vez que te abracé,
nunca había sentido un amor tan puro,
tus ojos —dos faroles de ilusión—
sanaron las grietas de mi niña interior.
Fuiste el regalo largamente soñado,
el milagro al fin entre mis brazos.
Jugábamos al olvido del mundo,
tu vida llenaba la mía sin medida.
Y en mis noches más rotas,
tu presencia hacía tregua con el dolor.
Los días pesan más desde tu partida,
mi Molly, Molo, Molinero, Mollypollo...
Y tantos nombres que eran caricias.
Tus ojitos verdes se cruzaron muchas almas,
algunas que también ya se han ido.
Este vacío no se borra,
mi corazón se marchitó en tu último adiós.
Aún siento ese último abrazo,
como quien guarda el tacto de un sueño sagrado.
Despertaste en mí un amor que flota,
etéreo, sin forma, pero eterno.
Abrazarte era tocar lo inefable.
Tu compañía, mi ancla.
Cada día te pienso.
Te veo en las nubes,
imagino tu carita asomada,
y tus bracitos abiertos, listos para volar...
o tal vez, para volver a mí.

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