Casa de la moneda-Bogotá, Colombia -Foto de la autora
Hay momentos donde el recuerdo no es suficiente;
la mente es poderosa
y tan audaz que es capaz de reconstruir aquella sonrisa.
El tiempo pasa,
el reloj avanza,
y mis ojos siguen anclados
al mismo balcón.
Los recuerdos me atormentan,
me sosiegan,
y termino ahogada
en sentimientos ya excavados.
A veces juro haber sanado,
pero basta un destello,
un sueño,
un gesto imaginado,
para que una sombra oscura vuelva a tocarme.
Y no sé si es nostalgia
o un territorio anclado a mis pies;
aunque el mundo diga lo contrario,
yo sigo soñando.
Porque hay presencias
que dejan marcas
como constelaciones:
duran más que la noche,
más que la propia memoria.

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